Yo siempre reniego en broma acerca de haber ido a un colegio secundario industrial por el motivo de que eramos muchos hombres y no había chicas.
Pero en realidad lo que en un industrial se aprende es que vos podes hacer lo que quieras.
Te enseñan a crear herramientas, que con suerte pueden acompañarte toda la vida, como los grupos que hicieron un martillo. Todos los clavos de tu casa están clavados con tu propio martillo hecho por vos.
Eso te cambia la visión, uno siente que puede conquistar cualquier objetivo con sus propias herramientas, lo funcional pasa a segundo plano y lo emocional toma el control, tus objetivos, tus propias herramientas, tu camino. querés crecer, y empezas a proyectar herramientas que te ayuden a cumplir tus objetivos, y entonces te encontrás con el verdadero desafío: crear herramientas en campos donde nadie haya inventado algo util antes.
Eso, es agregar valor, cuando logres lo que te propusiste no solo vas a tener el logro, sino que vas a tener las herramientas para visitarlo cuantas veces quieras.
Te enseñan a mirar al mundo con mirada de éxito, y además de que no está todo inventado, la mayoría de cosas está aun por descubrirse.
La misma infraestructura estaba creada por los alumnos, no el edificio central, pero sí el aledaño, que correspondía al taller. Y los bancos de casi todas las aulas fueron hechos por los padres y abuelos de muchos alumnos.
Asique queda claro que los alumnos son todos creadores de cosas con utilidad.
recuerden esto cuando yo vuelva a hacer la misma broma acerca de lo odioso que fue estar allí tantos años!
y acerca del amor, hay toda una vida para el amor.