Más que una ordenanza es una ley, y más que una ley, es una necesidad!
El pedido es claro, se refiere a la situación de que los relojes de exposición pública, ya sea de torres o edificios así como los establecidos en distintas esquinas, cuando quedan sin mantenimiento y dejan de funcionar, sus agujas reposan inmóbiles apuntando hacia cualquier lado y confunden así a cualquiera que los vea. Si la diferencia de horas entre la que marca el reloj y la que uno estima es grande, uno descree ese reloj, pero si tiene 20 minutos de diferencia con la hora real alguien podría creer que va a llegar tarde, o descansa creyendo que tiene tiempo de sobra. El pide que los relojes que no funcion tengan las agujas muertas. de manera que si uno ve un reloj con las agujas rendidas a la gravedad es un reloj que no funciona, y esto trae como beneficio que la gente además de no confundirse más la hora, se anime a denunciar al municipio o a quien corresponda, que un reloj está presuntamente descompuesto. No ignora el detalle de que cuando las agujas de los relojes que no funcionan cedan, van a marcar las 6 y media, pero le parece que la ganancia es mayor. Unos minutos de confusión diaria todos los dias cuando se acercan las 6 y media a favor de obtener nuevamente confianza en todos los relojes.
Afortunadamente ya hace muchos años que pasó esto, pero desde el día en que se aprobó la ley, a esa hora, a ese pasaje entre la mentira y la verdad, entre la cordura y la disfunción, se le llamó la hora muerta.
Al día de hoy, hubo ya cientos de casos donde esta decisión fue un trago amargo para muchos, al hacerse más confiables los relojes, la primer suposición es que su hora es verdadera, de esa manera medio dormidos en invierno vieron que eran las 6:30 y necestiando levantarse a las 7 durmieron hasta sospechar por la mucha claridad que entraba por la ventana.
Se quemaron tortas, se olvidaron hijos en el colegio, se llegó tarde a fiestas de cumpleaños, en fin… esta vez me quiero centrar en una historia, de amor porsupuesto. Porque una torta, se vuelve a preparar, los hijos mal que mal pueden recogerse más tarde, y uno cumple años una vez cada tanto.
…pero el amor, es el mas raro de los beneficios, se escapa cuando creemos que lo tenemos aferrado, llega cuando no lo esperamos o se desliza por un costado cuando estamos tranquilos.
En este caso el amor iba a estar ahí cuando se encuentren el y ella.
Ella esperaba llegar a las 6. Claro, nadie es tan tonto para citarse a las seis y media, pero la vorágine de la hora pico puede más que las ganas de llegar a tiempo.
El estaba vestido de traje negro, su tapado liviano bailaba un poco por el viento y las hojas pasaban cada tanto por debajo, el sol de otoño que calienta pero no molesta, y el confiable y superior reloj, bien abulonado al piso, con su conjuntiva blanca y sus labranzas que lo adornaban en su calidad de controlador de las vidas.
Junto al hombre llegó una señorita, antes de mirarla ojea el reloj, y piensa que ese era un buen lugar de encuentro, una isla de vereda entre una avenida en forma de Y, con un reloj en su lomo.
cuando las casualidades se juntan con las voluntades y luchan por ver quién afecta más a la realidad pueden pasar cosas muy curiosas.
La señorita le preguntó al hombre, si este reloj estaba funcionando, se la veia nerviosa, y ella cuando está nerviosa habla, y quizá habla demás.
Solo dijo que le gusta el otoño, y que las ojas hacen un ruidito cuando van raspando el piso con el viento, ella estaba tan contenta esperando a alguien. Lo había conocido por carta, nunca le vió el rostro dijo, asique su sospresa iba a ser gigante, porque ellos ya se conocían por dentro, pero no por fuera.
El hombre bien parado, no anticuado pero sí antigüo, después de unos minutos de espera en silencio se sitió conmobido de un golpe que le sacó el aire de sus pulmones, al ponerse a pensar que a el le gusta el otoño y que su esperada no habría podido describirlo así, esto no significaba dudas, el no era un hombre de dudas, pero si significaba añoranza, de la magia que hubo en esa descripción. Mientras ella seguía hablando.
En unos momentos de silencio, ella pensó en muchas cosas y posibilidades, su esperado no vendría, o la había visto de lejos y se arrepintió.
En un momento de lucidez o locura se le ocurrió que el hombre de pie a su lado era el esperado, pero que estaba probándola, entonces se sacudió los nervios de encima y continuó con su descripción, que ella sabía que mostraba su pasión por la vida, por las cosas, no era el otoño ni los objetos, sino las ideas que plasmaba con eso. Su dialogo no duró más de 3 minutos y el hombre giró para verla, ya estaban siendo las seis y media, y el con los ojos brillosos de conmosión, vio el fuego en los ojos de ella y dijo: ya es la hora muerta. Que a su vez, significaba que no iba a esperar más.
Los esperados a veces llegan tarde, uno mismo a veces llega tarde para encontrarse con quien lo espera, pero el amor nunca llega tarde, y a las seis en punto estuvo de pie. Ahí.
Daniel Nuske
